la fuga de L’Alliance

Después de 6 años de reconstrucción del barco y preparativos, por fin llegó el día de zarpar, y casi no me lo podía creer. Todo lo que había planteado, todo lo que había soñado, acabó siendo muy diferente. Ni fiestas de despedida, ni pinchar música toda la noche en la playa, ni visitas al barco, ni aperitivos con los colegas, ni videos con la GoPro o con el drone; sino una fuga, por la noche, a la francesa.  En el muelle, a despedirnos, sólo 3 amigos del puerto, los íntimos que viven en sus barcos aquí en Port Ginesta. No hice ni siquiera la pintada que quería dedicar a ese pringado de Rodrigo (el capitán de Port Ginesta): “más vale grumete de mar que capitán de puerto” le iba a escribir con mi rotulador en el escaparate de la estación meteorológica de capitanía.

En los últimos dos meses, todo había cambiado convulsamente.  El barco estaba listo, pero de repente, por razones personales, se había evaporado buena parte del sueño y todo el encanto del despegar hacia nuevos horizontes. La gran partencia triunfal se había transformando en un “pírate de aquí de una puta vez”.

Con este espíritu, la noche del 2 de abril, soltamos amarras para empezar el viaje de sólo ida que tanto habíamos imaginado. Más que el comienzo de un viaje, para mí sería el estreno de una nueva manera de vivir, más bien nómada, con el baricentro ya no en tierra sino en la mar.

Además de mi socio Rocky, me acompañan dos tripulantes más: el grumete Robi (ya bastante entrenado tras el viaje por Grecia) y la simpática Marcella, una amiga histórica de Rocky, que nunca había navegado en su vida.

La primera escala fue el puerto de St. Antoni en Ibiza, donde nos encontramos con nuestro amigo Faber (navegante punk) y con la Tatí de la Cofradía de Navegantes Anarquistas -que, al ser justo su cumple, vino a bordo con amigos y cervezas para una cena piratesca y entretenida.

Tras dos noches pasadas en St. Antoni, empezó el viento ideal que anunciaban los GRIBs, él que nos permitiría bajar hasta Cádiz sin escalas y sin tener que encender el motor. Así que recorrimos alegremente las 400 millas que nos separaban de Gibraltar, en menos de 4 días de viento por la aleta, viendo delfines a punta pala y hasta calderones. Probamos varias configuraciones de velas, incluso lo spinnaker y el génova reciclados, y pudimos apreciar la utilidad del tangón que armé la última semana en Barcelona, indispensable para vientos portantes. También tuvimos las primeras incidencias materiales: el enrollador se volvió a quedar clavado (lo habíamos arreglado en septiembre) y la contra rígida que había comprado de ocasión se partió… Por otro lado, tuvimos también grandes satisfacciones: haber invertido en un sistema AIS receptor/emisor, por ejemplo, fue un acierto… es una tecnología que te quita un montón de paranoias, y te puede salvar la vida, especialmente en lugares muy concurridos como el estrecho.

La noche del 8 de abril, al acercarnos a Gibraltar, volvimos a tener cobertura en el móvil, y aprovechamos para descargar nuevamente el meteo: los ficheros GRIB daban vientos de hasta 28 nudos de empopada al pasar el estrecho, por lo tanto decidimos reducir trapo y tirar hacia Cádiz aprovechando nuestra buena racha hasta al final. Sin embargo, al amanecer, ya teníamos 35 nudos y seguía aumentando (tanto el viento como el oleaje): pero ya no había vuelta atrás posible. Nos alejamos de la costa para salvar los bajos de Trafalgar, mientras el viento se establecía a 45 nudos con ráfagas de hasta 52. Surfeábamos a velocidades improbables para nuestro barco, tipo 10/11 nudos (¡la tablet registró un record de 13.3!) sólo con la mayor completamente arrizada. Menos mal que nuestro amigo Mauro había acabado de cosernos e instalarnos las líneas de vida, porque a partir de allí las estuvimos aprovechando… Al mediodía, pasado Trafalgar, nos atrevimos a trasluchar, pero la escota de la mayor se pilló en una de las tablas de surf y la partió. No tuvimos el tiempo de lamentar esta perdida, que la rueda del timón se destornilló, y por un momento perdí el gobierno del barco. Mientras enganchaba la caña de respeto, una ola nos hizo trasluchar, y la violencia del viento hizo que se rompiera el grillete que aguantaba la retenida de la botavara, que por lo tanto pasó fulminantemente al otro costado  y por el impacto se partió . De repente nos encontrábamos entre olas de 5 metros, con una caña de respeto a duras penas manejable, y la botavara partida que colgaba de la mayor, dando golpes incontrolados y haciéndola tiritas. Até la caña a sotavento y fui a ayudar a Rocky que trataba de impedir que la botavara reventara también los metacrilados de nuestra superestructura, cortamos los rizos, el pajarín y el puño de amura de la mayor, que se puso en bandera tirando desde tope de palo, luego corté también la driza y la vela voló en el cielo con la ligereza de un espi. Atamos la botavara en cubierta, y acto seguido me fui a echar dos estachas de 60 metros por la proa, una atada a un cubo, otra a una garrafa de diesel vacía. Con L’Alliance a la capa a palo seco (literalmente, jeje) nos quedábamos atravesados a la mar, pero derivando a 2 nudos los remolinos que hacíamos evitaban que las olas nos rompieran encima, por lo menos en la mayoría de las ocasiones. En el interior era difícil aguantarse de pié, porque el barco se movía tremendamente, pero nuestros tripulantes disimulaban bien el susto y nadie se animó ni a vomitar. Mientras tanto habíamos tenido también que atar la eólica, que con ese viento estaba girando como loca a pesar del freno electrónico, y había recalentado el regulador hasta al punto que temíamos que prendiera fuego. Y lo último que nos faltaba ahora era un incendio… Nos quedamos a la capa 8 horas, tratando de descansar, reorganizando la cubierta, arreglando la rueda del timón y planteándonos cómo salir de allí. Lanzamos un Pan Pan a través de un barco mercante: el segundo Pan Pan de mi vida, y otra vez en Trafalgar!!! vaya coincidencia! Sin embargo, esta vez, no tuvimos que solicitar auxilio, sino que simplemente informamos Tarifa Tráfico de nuestra posición y de nuestras averías. También pedimos información meteorológica más detallada, y nos enteramos que el viento iba a seguir por lo menos 24h más… A medianoche, notando que los choques de las olas en el casco se hacían cada vez más fuertes, nos cansamos de estar allí encajando golpes y decidimos tirar por la calle de en medio: arrancamos el motor y nos aproamos a las olas, rumbo Cádiz.

El resto de la noche lo pasamos subiendo y bajando de las olas como montañas rusas, Rocky y yo alternándonos al timón, pillando rociones que parecían más bién latigazos, como si te dieran en la cara con una Kärcher. Por suerte el motor hizo bien su trabajo, y poco a poco salimos de la zona de más fuerza del temporal. Llegamos a Cádiz y fondeamos en la caleta a las 10 de la mañana, después de 5 días de navegación (las últimas 36 horas sin dormir).

No pude evitar de comparar este viaje BCN-Cádiz con el que había hecho en 2010 con la Sylphide: en aquella época, costeando y reparando averías, había tardado casi un mes; mientras que con L’Alliance recorrimos la misma distancia en una semana. Pero en ambos casos al llegar a Trafalgar el mar nos dió una buena bofetada.

Fue mi primera vez en un fuerza 9, y para Rocky también, pero a pesar de los errores que hubiéramos podido evitar (poner una tuerca autoblocante a la rueda del timón estaba en nuestra lista de cosas por hacer, pero se nos transpapeló…) en realidad estábamos contentos de que nadie se hubiese hecho daño, y de como supimos salir de eso dignamente. Fue una experiencia muy interesante, porque nos permitió descubrir todos los puntos débiles de nuestra jarcia de labor, aunque la jugada nos acabó saliendo bastante cara. Un buen test para el barco también, que se reveló un verdadero tanque del mar.

Sin embargo, una vez pasada la adrenalina, quedó un poco de bajón por ver nuestro querido barco mutilado y machcado… El Océano, a su manera, nos dio el toque desde el principio: si lo que queréis es viajar por los mares, sobretodo en una época en que el cambio climático hace que los fenómenos metereológicos sean cada vez menos previsibles, hay que ir bien preparados.

(Singladura del viaje: 620 millas)

por Grecia con Zero

Zero es un magnifico velero de exploración, 18m de eslora, una línea tan deportiva que parece un IMOCA, pero al mismo tiempo una sólida construcción, casi todo de aluminio (menos unas partes de la superestructura que son en sandwich polyester). Fue diseñado por el suizo Peter Gallinelli para dos armadores franceses, que se gastaron todo en este dream ship para navegar por latitudes extremas. Al poco tiempo de disfrutar de este “pequeño Tara”, uno de los dos propietarios falleció. El otro, no pudiendo pagar a la familia el valor de la otra mitad del barco, se veía obligado a ponerlo a la venta… Sin embargo, otros amigos se propusieron de ayudarle a relevar Zero y gestionarlo conjuntamente: así fue creada la asociación Zero al Infini, y ahora el velero pertenece a 5 armadores, que se van turnando para que siempre haya un patrón a bordo y el barco nunca pare de navegar. Y la tripulación? Pues cualquiera puede apuntarse para navegar con ellos, a cambio de una modesta contribución de 23€/día para gastos de mantenimiento (+40€/año de cuota asociativa).

Naturalmente, siendo un apasionado de veleros de exploración, no me pude aguantar! El 5 de marzo volamos hacia Atenas para ir a navegar a bordo de Zero (yo y mi fiel grumete Nandone Nandoni). Allí encontramos uno de sus capitanes, Gilles, un hombre entreñable. La idea era, desde Porto Cheli, acercar el barco a Corfu; por razones de meteo y de dinero, descartamos el atajo del canal de Corinto, y nos lanzamos más bien en una vuelta del Peloponneso, por pequeñas escalas, para disfrutar también de esos pueblos Griegos que por el invierno se hallan casi abandonados, en gran contraste con la vida turística de la temporada alta. Los principales fondeos fueron en Poulithra, Yerakas, Neapolis (lamentablemente no paramos en Monemvasias, qué error!), Mezapos, Limeni (desde donde nos llevaron en coche a visitar Aerópolis), Koroni y Kalamata.

Desde el pueblo de las aceitunas, volvimos en bus hacia Atenas para visitar la capital helénica: un día de turismo arqueológico, y una noche de “turismo” anarquista por el barrio de Exarchia

En fin, para volver a la experiencia de navegación a bordo de Zero, se puede resumir como una gozada total: el méteo fue clemente aunque variable, y llegamos a puntas de 10 nudos como quién no quiere la cosa. Para Nandone -que se estrenaba como marino- fue una navegación muy formadora. Yo me enamoré del diseño de cubierta, con todas las maniobras corrientes reenviadas a la bañera, desde donde se puede cómodamente controlar absolutamente todo, hasta las derivas, con solo 4 winches. También la luminosidad del cuadrado y la habitabilidad de los espacios me encantaron, así como el increíble “garage” para el anexo. La estufa diesel es un puntazo para los climas fríos, al igual que las puertas estancas… Puntos débiles de Zero? bueno, ningún barco es perfecto… el hecho que la motorización sea de astillero y no haya manera de extraer el motor entero sin desmontar medio barco, algún día será seguramente un problema mayor. La accesibilidad de algunos sistemas, como el desague del baño, es muy complicada, y el hecho que la cocina y el baño sean debajo de la flotación obligan a un depósito y una bomba de aguas grises que precisa mucho mantenimiento. Pero bueno, de momento Zero queda siendo la mejor aproximación a mi concepto de barco ideal, porque llevar con un timón de caña un barco que desplaza 20 toneladas y tener las mismas sensaciónes que con un Pogo, es algo que no tiene precio.

Singladura de este viaje: 205 millas

de Lisboa a Tenerife con Manu

A finales de noviembre me fui a Lisboa a conocer personalmente Manu Wattecamps, un joven navegante solitario bretón que con 19 añitos se volvió un nómada de los océanos, y ahora que tiene 28 ya es un verdadero lobo de mar. Tiene en su estela el Cabo de Hornos, el río Amazonas, el pasaje del Noroeste, y travesías de casi 2 meses como la que lo llevó hasta a Hong Kong…

Lo había conocido “virtualmente” el año pasado, haciéndole una entevista para el blog de L’Alliance, y desde entonces hemos quedado en contacto, y acabé siendo el editor de su primer libro… En ocasión de la publicación de las primeras copias, me invitó a navegar con él a bordo de su “Céleste” desde Portugal hasta Canarias.

Empezamos con un day sailing desde Cascais hasta Lisboa, para calentar los motores, y al día siguiente zarpamos rumbo a Tenerife. Pero nada más atar los guardines del piloto de viento, se dió cuenta que estaba funcionando mal… identificó la pieza que fallaba, y viendo que no se podía reparar en navegación, optó por recalar en Sesimbra. Allí hicimos una escala de 6 horas, justo el tiempo de hacerle una reparación chapuzera al piloto de viento, y por la noche volvimos a zarpar.

Nos esperaba una semana de navegación bastante animada, con temporales todos los días, vientos frescos y no siempre favorables: se supone que los vientos dominantes a lo largo de esta ruta sean de sector norte, pues nosotros estuvimos de ceñida por la mayor parte del viaje, e incluso tirando bordos contra el Sur-Suroeste! Yo me acordaba de cuando había bajado a Canarias con Alberto, que cada día nos quitábamos una capa de ropa… pues esta vez estuvimos con gorro de lana y traje de agua hasta amarrarnos en el puerto de Sta Cruz de Tenerife! Eso si, a la mañana siguiente nos levantamos ccon un Sol radiante y una calor increíble…


En general fue para mi una gran experiencia de navegación de altura, y sobretodo de vida: compartir este cacho de ruta con Manu me hizo ver como viven los verdaderos aventureros del Océano, en un barco espartano pero sólido, con pocos recursos y ningún lujo, pero con lo esencial para navegar en seguridad. Me acordó bastante mi primera navegación de altura, a bordo del Kirn.

Y sí, a veces fue duro, heché de menos una nevera, un enrollador de genova, una ducha, y me harté de fregar platos directamente por la borda. Me frustraba el piloto de viento, que requería frecuentes ajustes y núnca iba tan recto como lo haría un piloto automático… Sin embargo, al cabo de unos días, le empecé a encontrar el gusto… a entrar en el papel, a ver ese delicado mecanismo que constituye el piloto de viento como un tripulante más, un amigo silencioso, y a percebir algo de esa alianza entre marino y elementos de la que tanto habla Moitessier.

a Baleares con l’Alliance

Por fin hemos etrenado L’Alliance, en un viaje de 10 días a Mallorca y Menorca. No voy a contar detalles aquí, porque ya escribí un artículo sobre este viaje en el blog del barco. Sin embargo no pueden faltar en mi log estas 355 millas, muchas de las cuales lamentablebente a motor -como suele pasar en verano en el Mediterraneo- unas millas que representan los primeros paso de un bebé que dimos a la luz tras 66 meses de gestación…
Este simpático viaje en familia me dió además la oportunidad de volver a un lugar muy importante para mi, el puerto de Soller, que en su momento fue el destino de estreno de la Sylphide.

tres semanas de monitor

Este mes de julio me tomé tres semanas de vacaciones para desconectar de L’Alliance y sobretodo de mi trabajo. Apagué el móvil y me fui a Marseillan, en la base Glénans en la que me siento más en casa, para hacer de monitor de vela.

La primera semana llevé a un grupo de cuatro mujeres muy simpaticas y motivadas, de edad compresa entre 48 y 65 años! Estuvimos viviendo a bordo de Emeraude, un Doufour 325, y navegamos entre Cap d’Agde y Port Camargue. Tuvimos mucha suerte con el meteo, ya que el viento no faltó en ningún momento, sino que estuvo augmentando en intensidad día tras día, a la vez que mis heróicas marineras iban tomándo más confianza y destreza en las maniobras. Si al principio del curso zarpamos con fuerza 3, los últimos 2 días volvimos con una buena tramontana fuerza 7, y tuvimos hasta un temporal de 10 minutos con más de 40 nudos de viento. Sin embargo, al ser un viento de tierra, navegando cerca de la costa la mar era muy maniable, y toda la tripulación disfrutó al máximo de le experiencia, sintiendose en seguridad en todo momento. Al final del curso las señoras estaban tan encantadas que me dejaron una super propina y una simpática carta de agradecimiento…  (log de esta semana: 131 millas)


La segunda semana estuve con otro stage de nivel 2, a bordo del mismo barco. Esta vez tenía a tres hombres, de los que uno era un cocinero profesional, así que comimos toda la semana estupendamente, y era un placer ver con qué rapidez y precisión cortaba las verduras! Lamentablemente esta vez el viento se hizo desear, ya que tuvimos durante toda la semana vientos variables entre 5 y 15 nudos. Sin embargo nos adaptamos a estas circumstancias concentrándonos sobre el uso del spi, del que tuvimos nuestra buena dosis casi todos los días. También estuvimos trabajando muchos las maniobras de atraque y desatraque a motor, algunas mañanas, antes de salir de los puertos con los primeros suspiros de brisa térmica… (log de esta semana: 146 millas)

La última semana de julio, en lugar de un curso embarcado, estuve dando clases de nivel 1 (neófitas de la vela) con veleritos de unos 6 metros (los míticos Glénans 5.7). Por lo tanto dormíamos en la base, y cada día llevaba mi simpático y variegado grupo de grumetes a navegar por el Étang de Thau: al tratarse de aguas interiores, el estanque es perfecto para iniciarse a la vela con barcos levianos, reactivos y maniables. Esta vez la tramontana sopló generosamente toda la semana, entre fuerza 4 y fuerza 6, con lo cual nos la pasamos genial. Es un gusto ver como los inscritos aprenden rápido en condiciones tan ideales. Además en la base la vida social es muy entretenida, habiendo monitores y practicántes de cualquier edad y proveniencia, y más de una vez los tripulantes que habíamos vapuleado en el agua durante nuestras paqueñas regatas, se tomaban la revancha ganándonos al futbolín.

Las tres semanas pasaron volando, y el sol brilló esplendorosamente todos los días sin excepción. Cada curso fue muy enriquecedor, no solo para los inscritos, sino para mí también, ya que enseñar te obliga a centrarte mucho, estar atento a todo,  actuar de manera responsable y coordinar toda la tripulación para que la actividad sea a la vez entretenida y segura. Además, durante estas tres semanas, estuve viviendo el presente en cada momento, sin distracciones, sin feisbuc ni otras amenidades virtuales: y eso es un gran valor añadido a una actividad que ya de por sí me encanta cada vez más.

 

stage P

Del 26 marzo al primero de abril estuve navegando por Sète, en ocasión de mi primer taller de “profundizacion” que Les Glénans organizan para que los monitores podamos seguir aprendiendo y mejorando. El formador era el mítico Berní, con lo cual ya sabía a lo que iba… Sin embargo fue menos cañero de lo que me esperaba, y aún que hicimos muchas maniobras de spi y en solitario, el ritmo fue mucho más humano que en el “nivel 5″…

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Los otros monitores (Jule, Pierre Emanuel, Laurent) eran muy majos y nos la pasamos muy bien. El meteo fue variado, dias con muy poco viento y dias con 30 nudos, como pasa casi siempre por allí. Hicimos varias sesiones de “quick stop” (el protocolo de recuperacion de hombre al agua creado por la guardia costera yankee), y una manana de maniobras de atraque y desatraque en solitario. Pasamos varias veces los puentes de Sète y vimos los lugares donde es más fácil amarrarse o fondear en el Etang de Thau. Todo eso me vendrá muy bien para estar más a gusto en julio, cuando estaré dando mis primeros talleres como monitor en barcos habitables, justamente por esas aguas.
También fue una ocasión para descubrir las cualidades del Salona 35, que es un barco muy rápido y maniable: a pesar de mi prejuicio acerca del timón de rueda para un barco que desplaza tán poco, al final tuve que admitir que la rueda es muy sensible y el barco se gobierna muy bien. Incluso era muy comodo, de ceñida y con el barco equilibrado, apretar el freno de la rueda y dejar el barco filar sin necesidad de timonel…
El último día tuvimos que remolcar otro barco de les Glénans que había perdido la élice, y después nosotros mismos nos quedamos pillados por la noche en una rede de pescadores de la que nos costó bastante salir: toda una experiencia…
Además, al coincidir nuestra semana de stage con la manifestación de barcos clásicos “escale à Sète”, nos cruzamos con varios tall ships y con auténticos lobos de mar…


Singladura de este stage: la verdad es que esta vez ni lo miré, al tratarse de uno stage encentrado en las maniobras y no en la navegación, pero vamos, que unas 120 millas en estos 6 días las tenemos que haber hacho seguro…

salidas anarquistas

En diciembre 2015 decidimos organizar un evento de presentación de la Cofradía de Navegantes Anarquistas, la red que fundamos en enero del mismo año, y que tan sólo contaba con unos 20 cofrades hasta a ese momento. El evento, articulado en un día de charlas y proyecciones de documentales, y un día de salidas de iniciación en barco de vela, tuvo un éxito rotundo y contó con la partecipación de unas 50 personas…

A raíz de estas jornadas, que dieron paso a un contagioso boca a boca, más y más peña se fue sumando a la red, que en el arco de 3 meses superó los 100 cofrades en la lista de correos, a la cual se apuntaron navegantes libertarios desde todos los mares, incluso de Mexico, Panamá, Argentina y Brasil. Sin embargo es por los alrededores de Barna que se enrolaron la mayoría de piratas y grumetes, así que nació un colectivo local dedicado a compartir conocimientos náuticos: la Escuela Autogestionada de Navegación

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Los primeros talleres pilotos, tanto de teoría como de práctica, se realizaron entre enero y marzo 2016…  Tuve el placer y el honor de ser uno de los monitores de vela en unas salidas de iniciación que hicimos a bordo del Pharos (el nuevo barco de Dany y Susana que trajimos en enero desde Arenys de Mar hasta a Castefa) y otra a bordo del Nagual II (el sun magic 44 que el mítico Guillem reflotó hace unos años, dándole una segunda vida).
Así que a pesar del maratón de curro que me pegué en febrero, y de todos los trabajitos que he seguido haciendo en L’Alliance, este 2016 ha empezado con buen viento, buena onda y lindas navegaciones domingueras, con el pavellón del “anarco-velismo” a tope de palo!

 

Enlaces:

Cofradía de Navegantes Anarquistas: www.recla-mar.org

Foro de la Cofradía: http://recla-mar.foroactivo.com/

Blog de Dany (s.v. Pharos): http://thehornpipeproject.blogspot.com.es/

Web del Nagual (Guillem y Amparo) www.spanish.organicsailing.com

 

Singladura de estas salidas: 34 + 11 + 24 +30 = 99 millas

dos semanas de monitor de vela

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Tengo que admitir que me la paso pipas enseñando a los demás. Será genético, de tener ambos padres profesores…  En el caso de la vela, además, disfruto a la vez de la magia de ver el barco avanzar silenciosamente, propulsado por el viento.

El trato con la mítica escuela asociativa Les Glenans es así: puedo ir cuando quiero y donde quiero (Córcega/Sète/Bretaña y hasta las Antillas) a dar clases de vela. No me pagan, pero cada 4 semanas que doy clases a los principiantes me ofrecen una de especialización con un skipper profesional.  Considerando que no se acaba nunca de aprender, y que dar clases es casi más formador que recibirlas (por toda la responsabilidad que conlleva) este trato me viene muy bien, sobretodo porque nuestra nave madre L’Alliance todavía no está lista para zarpar, así que de todas formas me tenía que buscar una manera de quitarme el mono…

La primera semana tenía un nivel 1, o sea auténticos neófitas. Hay que empezar desde cero y es muy fácil entretenerles y entusiasmarles, ya que para ellos todo es novedoso, son muy curiosos y es una gran satisfacción ver como aprenden rápido. Además el sol y el viento fueron de la partida, menos una tarde de calma chicha en la que aproveché para someterles a mi ejercicio de tempestad artificial: el barco amarrado al muelle, pongo un altavoz con la cabalgata de las Valkirias a toda castaña, y con la driza del spi les hago escorar el barco repetidamente lo más posible. Les digo que fueron alcanzados por una repentina tempestad y tienen que tomar 3 rizos y cambiar el genova por un tormentín, y empiezo a tirarles cubos de agua de mar por la proa, para simular las rompientes…  Acabo más cansado que ellos, pero es divertidísimo!  En esta semana tuvieron también la suerte de poder probar tres tipos de barcos diferentes: el glénans 5.7 (pequeño sloop construido expresamente para enseñar a debutantes), un ketch escuela de 11 m de eslora, y el Surprise (mítico barco de regata del astillero Archambault). Sobra decir que se fueron extasiados y jurando que volverían lo antes posible a por más!

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La segunda semana tuve un nivel 2, o sea gente que ya tiene algo de experiencia… ya saben hacer algún que otro nudo marinero y no andan perdidos cuando se suben a un velero. Con ellos pude usar la terminología náutica desde el primer día y concebir un programa de navegación más entretenido: los primeros 3 días salimos con un Open 5.7 (un barco de regata que es más próximo a la vela ligera que a un habitable: tiene uno spi asimétrico que usamos hasta para entrar y salir del puerto!) Y luego pasamos a un Surprise,  con el que les sometí a jornadas enteras de trasluchadas con spinnaker simétrico, y también a ejercicios de recuperación de objetos flotantes (yo tiro una defensa al agua y tienen que recuperarla, o metiéndose al pairo y derivando sobre ella, o arriando el foque y regulando la velocidad de acercamiento con la escota de la mayor) Fue una semana muy completa, hicimos hasta un par de fondeos y bastante teoría (meteorología, fuerzas aero/hidrodinámicas, RIPAM, navegación).  Ellos también acabaron súper contentos y remarcaron que se la habían pasado genial también porque veían que yo mismo estaba gozando de lo que hacíamos: el entusiasmo es contagioso, por eso Les Glénans apuestan por monitores voluntarios que son seguramente más motivados que unos de plantilla, obligados semana tras semana a enseñar siempre las mismas cosas…

 

la formación pedagógica y mi primer stage como monitor

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El 24 abril me fuí a Marseillan, en la base de Les Glénans, para pegarme un buen tute de 20 días de vela… Se trataba del curso de formación pedagógica necesario para poder empezar a dar clases de vela. Articulado sobre 10 días de prácticas, navegando y en tierra, durante este curso nos entrenamos a dar clases prácticas y teóricas, primero entre nosotros, y luego a verdaderos “alumnos” pagantes…

base

Todos los días salíamos a navegar en el estanque de Thau con diferentes soportes: los Surprise (un óptimo barquito de 7,65m bien regatero) los Glénans 5.7 (míticos barcos concebidos hace 30 años por la mísma escuela, y todavía muy válidos) el Écho 90 (un ketch de 9 metros diseñado para el enseñamento de la vela en el que pueden embarcar hasta 12 personas), los Open 5.7 (barco muy deportivo, más próximo a la vela ligera que a los habitables)… y hasta nos hicimos una regata en HobieCat 16.

Como todos estos barcos no tienen motor, lo interesate era justamente zarpar y volver a amarrarse a vela en el canal du Midi: dependiendo del viento, a veces costaba mucho llegar hasta al pantalán, otras veces había que dar una voltareta para disminuir la arrancada y no comerse el muelle; a veces se podía izar la mayor antes de zarpar, otras veces había que separarse del muelle usando el foque a contra, etc.  (A menudo, de todas formas, era necesario hacerse remolcar…)

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Paralelamente estuvimos preparando clases teóricas, de una media hora, sobre varios temas (meteo, mareas, navegación, RIPAM, aereo/hidrodinámica, etc) y aprendimos a exponer de manera clara y sintética frente a varias tipologías de público, ayudandonos con pizarra y colorines. Descubrí que hay que tener muy claro no solo el tema del que vas a hablar, sino también la cronología del discurso y los limites del mismo: un público curioso, cuando empieza a hacer preguntas, te puede llevar rapidamente a perder el hilo de la explicación, e incluso a profundizar temáticas que a lo mejor no has revisado tan bien como para no pillarte los dedos.

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Mi primera prueba como monitor, con verdaderos principiantes, fue genial: parecía que no iba a haber nada de viento, pero al final se levantó una buena briza térmica y les llevé con el ketch a explorar la zona de navegación que teníamos asignada, luego hicimos un fondeo (a vela) y les enseñé a usar el compás de demora para posicionarnos  y averiguar que el ancla no esté garreando, estuvimos haciendo la relación paisaje-carta náutica, reconocieron las balizas de las que les había hablado, merendamos, y luego volvimos a izar velas y navegamos un rato más antes de entrar de vuelta en el canal.

Trás 2 semanas de curso, el 9 de mayo empecé por fin mi primera semana de monitor, con 4 principiantes.  Iba en conserva con otro 5.7, en el que un monitor mucho más experimentado que yo llevaba a otros 3 principiantes del mismo nivel que los míos, y nos habíamos acordado sobre el programa de la semana, la temática de las salidas día trás día, y las aportaciones teóricas. El meteo era perfecto, una semana de sol y viento moderado nos esperaba…  pero algo totalmente inesperado lo arruinó todo:

A las 4 de la mañana del día 10, me llaman desde la fábrika para avisarme de que hay un incendio: mi taller estaba quemando, junto con el de nuestro colega Jonathan… y nuestro hogar se estaba ahumando lo más grande. Los bomberos de l’hospitalet actuaron muy bien y en 2 horas lo llegaron a apagar, pero mi compañera encontró muerto uno de nuestros 2 gatos. Y la vivienda estaba hecha un disastro.

Frente a esta calamidad (totalmente accidental) no pude hacer otra cosa que volver para meterme mano a la obra junto a Flavia y a los demás que viven en nuestro loft, así que por la noche, trás el primer y único día de vela con mis alumnos, me tuve que despedir de ellos y dejarles en las manos de otro monitor, que por suerte estaba libre y me podía substituir.

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Ahora, a 10 días del incendio, está todo bastante en orden otra vez, gracias sobretodo a la ayuda de muchas amigas y amigos que se han amablemente envolucrado en la reconstrucción del sitio. Sin embargo queda todavía un poco de olor acre de hojín, y la amargura de no haber podido cumplir y disfrutar de mi primera semana como monitor de vela.

50 metros en apnea

Uno de mis grandes consuelos cuando estoy en tierra, es de ir a nadar a la piscina olímpica que tengo a 5 minutos andando desde la fábrica (donde vivo). Se trata de una piscina de 50 metros al aire libre, con un sistema de calefacción del agua que te permite nadar en invierno como si fuera verano. No debe de ser muy ecológico, pero lo de nadar bajo el sol al mediodía es un verdadero placer, y de paso me quedo todo el año bronzeado, con la marca del bañador… Cuando voy, unas 3 veces por semana, mis 40 largos (2 km) no me los quita nadie.

2016-06-25 04.00.17 pm
Hace un año Rocky me comentó que nadar 25 metros en apnea no es tan difícil, es solo cuestión de relajarse y aprovechar bien la inercia de los movimientos. Entonces me propuse de hacerlo, y trás algún que otro intento fracasado, lo conseguí. Durante un año lo estuve haciendo casi cada vez que iba a nadar hasta a poderlo conseguir sin mucho esfuerzo. También me acostumbré a pasar por debajo de los yayos que nadan a dos por hora, en lugar de doblarlos, cuando me encuentro uno en mi via.
Hace un par de semanas, navegando en Bretaña, el famoso Berní me dijo que el podía nadar 50 m en apnea, sin palmas y sin lanzarse al agua. Entonces me encabroné: si el gordo lo puede hacer, entonces yo también voy a poder! Porqué me había limitado a nadar en apnea solo en la piscina pequeña? Porque no sabía que podría cruzar en apnea la grande! Así que después de unos cuantos largos de calientamento, me relajé, hiperventilé un poco y traté de ir lo más lejos posible. Ví pasar la marca de los 25 m y seguí nadando todo lo que pude… Cuando no pude más, saqué la cabeza y ví que estaba a la altura de las banderolas, a 5 metros del otro borde. No me lo podía creer, había nadado 45 metros en apnea, con lo cual el objetivo de los 50 m era verdaderamente a mi alcance. Al día siguiente no estaba muy en forma, y tuve que salir a respirar a los 30 metros. Sin embargo al tercer intento lo conseguí: toda la piscina en apnea, sin palmas ni trujillos.
Una gran satisfacción, la verdad. Eso sí, sales que estás casi convulsionando, pero es pura cuestión de voluntad… A partir de ahora mi nuevo reto es hacer un entento cada vez que voy, hasta que me salga siempre… Si tu vuoi tu puoi!