desde el Atlántico hasta al Golfo del Leone (parte II)

Salimos de S.José a las 18:30, navegando 3 horas a orejas de burro con el foque atangonado, hasta que el viento roló de S/W a N/E y tuvimos que seguir a motor el resto de la noche. Llegamos en Aguilas al amanecer, y en el C.N. tampoco habían amarres disponibles: nos enviaron a una nueva marina, que no figuraba en mi cartografía, y cuya bocana habíamos pasado un par de millas antes.
La tarde siguiente dejamos Aguilas con rumbo a Cabo de Palos. Al caer la noche, amainó el viento y nos tocó otra noche de motor… Doblamos Cabo de palos sobre las 3 de la mañana, y decidimos ir tirando hacia Tabarca. Sin embargo, a 15 millas de la isla, Kevin se apagó y no hubo forma de volver a arrancarlo. Lo mismo que había pasado yendo a Cabo de Gata, pero esta vez no se volvió a prender: nos quedamos al garete toda la mañana, hasta que al mediodia una briza del N/E nos llevó a Torrevieja, donde tuve que hacer mi primera entrada en puerto a vela (aún que el contramaestre me ayudó a amarrarme con su zodiac). En Torrevieja quedamos con un mecánico para la mañana siguiente, pero a la noche el motor burlón si que volvió a funcionar. Por eso, después de que el mecánico le echara un vistazo rápido y nos diera un par de consejos, volvimos a zarpar sin tampoco haberle hecho nada concreto.


Las 16 millas que nos separaban de Tabarca supusieron mucho más esfuerzo que las 65 de Aguilas a Torrevieja: ciñendo en un fuerza 4 con marejada, usando a la vez las velas y el motor para poder avanzar sin derivar demasiado. Llegamos a Tabarca a la una y media de la noche, bien mojaditos trás 6 horas de cabalgada en las olas.
En el puerto de la islita, que en agosto está muy concurrida y llega a pasar que hayan hasta 4 0 5 barcos abarloados juntos, estuvimos un par de noches, y conocimos una pareja muy simpática, de nuestra edad, que también se estaba planteando comprar un velerito… Era desde Ceuta que no encontrábamos nadie con quien charlar, y empezábamos a echar de menos un poco de vida social!!
La siguiente escala fué surreal: buscando un amarre para recargar las baterías y repostar antes de cruzar a Formentera, paramos en Marina Greenwich, que obviamente debe su nombre al hecho de encontrarse sobre el meridiano cero. Se trata de una urbanización super pija y bien triste, cerca de Altea, llena de rusos enriquecidos. La marina, que es bastante cara, presume como si fuese Saint Tropé… sin embargo son muy amables, y flipamos cuando nos llevaron desde el pantalán hasta capitanía con un cochecito de estos de golf! Y cómo el supermercado quedaba lejos, mandaron un marinero para acompañarnos de compras con el pick up del puerto!

(Singladura del viaje: 167 mn)

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